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Carlos Buero, en un momento de la entrevista. (Foto: J.R. SORIANO)

“Mi padre no contaba cuentos para ir a dormir”

CARLOS BUERO RODRIGUEZ, hijo del dramaturgo Antonio Buero Vallejo

Última actualización 19/02/2007@00:00:00 GMT+1
CARLOS BUERO RODRIGUEZ (Madrid, 1960), hijo mayor del dramaturgo guadalajareño Antonio Buero Vallejo, recibió a este periódico en su casa de Madrid hace una semana, entre infinidad de libros –“muchos heredados”, reconoce– y con el recuerdo constante de su padre, protagonista de las II Jornadas de Autor que el Patronato de Cultura organiza en marzo. Carlos, que no ha seguido la senda dramática de su progenitor, estudió Geografía e Historia y actualmente, es asesor de comunicación para ONG´s además de dedicarse a “llevar los asuntos de mi padre”. Guadalajara fue “el biberón de su vida”, confiesa.
¿Cree que su padre sería más identificado como el gran escritor de Guadalajara si Camilo José Cela no hubiera publicado ‘Viaje a la Alcarria’?
Creo que ni Camilo José Cela ni mi padre se identificaban como el gran escritor de Guadalajara. Mi padre nació en Guadalajara, Camilo José Cela escribió ‘Viaje a la Alcarria’ y todo eso genera cierta adscripción a un lugar pero los dos son escritores españoles. Yo lo siento mucho, creo que hemos llegado ya a unos niveles de localismo en los que no se puede entrar. Si lo hacemos, al final, no tendremos nada, seremos un popurrí de chalaos que están mirándose el ombligo. Todo esto me parece absurdo y empobrecedor.

¿De qué manera estaba Guadalajara en la vida y en la obra de Buero Vallejo?
Mi padre estuvo en Guadalajara hasta que comenzó los estudios de Bellas Artes, los 18 años. Mi padre era castellano, su carácter lo era y todo eso en él y en su obra. Es un cliché pero el perfil del castellano es el de alguien enjuto, contenido, con cierto sentimiento trágico de la vida... Guadalajara es el biberón de su vida.

Uno de los grandes amigos que su padre hizo en Guadalajara fue el poeta de Humanes, Ramón de Garciasol?
Fue una amistad muy intensa desde los tiempos del instituto. Se veían todos los días, tenían intereses comunes y se parecían en muchas cosas, en el sentido del deber, de la corrección… y hay un dato fundamental, fue la persona que convenció a mi padre para que se presentara al Premio Lope de Vega. Mi padre dijo: no sé, no me lo van a dar y Garciasol le contestó: bueno, aunque no te lo vayan a dar, tú preséntate porque así luego no podrán decir, se referían al hecho de que eran republicanos, que tú no has hecho todo lo posible. Mi padre dijo que, en cierta forma, se lo debía todo.
¿Le hubiera gustado a su padre pasar sus últimos días en Guadalajara?
Incluso antes de sus últimos días... unos diez años antes de su muerte, pero fue una cosa como muy en el aire. Irse a un sitio más relajado, más tranquilo… incluso en una casa con jardín, sí que pasó por su cabeza.

¿Cómo veía a Guadalajara desde la distancia?
Aparte de ser tremendamente aficionado a los bizcochos borrachos que cada vez que alguien iba a Guadalajara le pedía que le trajesen bizcochos de Hernando… ¿sigue Hernando,no?

Sí, sí.

Pues eso, aparte de los bizcochos, que era fundamental, hasta el punto de ir a un restaurante en Madrid porque tenía los bizcochos borrachos de allí, para él Guadalajara era la referencia de su infancia y de su primera juventud. Eran sus recuerdos, el Palacio del Infantado, no sé si sigue en pie la Academia de Ingenieros, dónde vivió, el instituto Brianda de Mendoza… hay dibujos del patio.

Uno de sus vínculos con Guadalajara fue el grupo teatral ‘Antorcha’, de quien fue ‘padrino’.

Ah, sí, sí. Sé que tuvieron mucha relación y es verdad que… no sé exactamente si acudía a estrenos, a sus reuniones. Creo que hay una foto donde mi padre está haciendo yoga o bailando sevillanas, una de las dos fotos es en el local de Antorcha.

¿Cómo veía su padre a España en sus últimos meses de vida, seguía pensando que éste era “un país muy puñetero”? ¿qué le preocupaba?
Sí, siempre lo ha pensado. En general, le preocupaba que la gente pudiera disponer de unas posibilidades mínimas para desarrollarse, que no fuesen explotados, humillados, ofendidos y por eso, en algunas de sus obras, los personajes son así. Sentía compasión por el ser humano y odiaba los abusos. Si durante la Guerra Fría lo que le preocupaba era el holocausto nuclear, en la última etapa de su vida, el holocausto ambiental, lo que ahora se llama cambio climático y que muchos sabíamos que existía desde hace veinte años.

Decía Adolfo Marsillach que su padre era una persona “entristecida”,¿cómo era en realidad?
Una persona seria, en el buen sentido de la palabra. Ten en cuenta que estar cincuenta años en la cresta de la ola, con sus altibajos pero…, pues es muy duro, porque el resto del personal lo lleva muy mal. Y tienes que soportar muchas injusticias de tipo moral y eso te afecta, que es a lo que se refiere Marsillach. Todos los rifirrafes de competencias profesionales y envidias, aguantarlas cincuenta años, con decepciones personales, es un peso.

¿Qué ha aprendido de su padre y de su madre, la actriz Victoria Rodríguez?
A saber cuándo se hace bien el teatro y cuándo mal. Cuándo un actor está bien o mal, cuándo un director se equivoca y si un montaje está fetén o es fallido. Luego, mi padre de una manera más instructora, sí tuvo mucho interés en que adquiriese criterio y gusto estético por la pintura. Me llevaba muchas veces a museos, galerías, para que viese cuadros y él los comentaba, me presentaba pintores... En el gusto literario, quizás por ser imparcial, me dejaba más a mi aire. Tenía una biblioteca amplia a mi disposición y podía mirar lo que quisiese. A mi madre, le debo pues… poder estar haciendo esta entrevista con cierta tranquilidad y no estar asfixiado, capacidad para envolverte socialmente y cierto histrionismo cuando hago el ganso también.

¿Le contaba muchos cuentos de pequeño su padre, era buen contador de historias?
No contaba cuentos para ir a dormir. No era de los que te contaba el cuento de Pulgarcito pero a los ocho años te dejaba estar en una reunión con amigos, donde se hablaban de muchísimas cosas. Eran historias personales, tienen más gracia que Pulgarcito y son preferibles.

¿Además del teatro, la lectura y fumar, cuáles eran sus otras pasiones, sus hobbies?
La música y la pintura.

¿Cuál fue el premio que más emocionó a Buero Vallejo? ¿Echó de menos el Nobel, para el que estuvo nominado?
El que más le impactaría debió de ser el Lope de Vega y luego, el Cervantes. Cada premio que daban a una obra suya, le alegraba muchísimo por lo que suponía de gratificación. Estar remando para adelante y darte un premio, da cierto alivio, sobre todo antes, que los premios estaban menos mediatizados.

¿Qué pensaría su padre si viviera ahora?
Pues lo mismo que pensaba cuando se murió, que tampoco fue hace tanto. Es verdad que en alguna de las últimas entrevistas que le hicieron, sí daba una visión muy pesimista del género humano. Que España es muy puñetera y el género humano, un desastre.

¿Quién ha sido el heredero ‘teatral’ de su padre, o cree que con su padre murió también el buen teatro hecho en este país?
No me considero un especialista para ejercer un juicio de ese estilo. Creo que, sin lugar a dudas, mi padre es una figura indiscutible de la segunda mitad del siglo XX. Coetáneamente a él, ha habido autores valiosísimos. Antes, estuvo Valle-Inclan, García Lorca..., pero cuando usted habla de herederos, habla de una figura indiscutible y eso requiere edad, años. En estos momentos, un referente claro no lo hay pero no puede haberlo porque no ha dado tiempo. Mi padre acabó siendo un referente aparte de por la calidad de su literatura dramática, por una cuestión casi generacional. Llegó un momento en que era el autor dramático en activo más mayor que había. Si Cela o Delibes son, en estos momentos, figuras indiscutibles de la narrativa, no es sólo por la calidad intrínseca de su narrativa, es también porque tienen muchísimos años detrás.

¿Por qué le interesaba tanto la ceguera a su padre? Trata el tema al menos en tres de sus obras.

Lo que dicen sus estudiosos es que tanto la ceguera como otras discapacidades físicas eran un símbolo de otro tipo de limitaciones del ser humano. Creo que también fue un recurso literario interesante, no sólo por lo que simbolizaba sino por el propio juego que podía dar dentro de una historia. Piensa que él quiso ser pintor y todos los problemas relacionados con la visión, no sólo la ceguera porque tiene una obra sobre el daltonismo, le interesaban mucho. También ha tratado la sordera y la locura.

Resulta curioso que su padre llamara a todas sus obras comedias cuando en realidad, son dramas.

Las ha llamado de muchas maneras: fábulas, parábolas, drama, no sé si a alguna la llama comedia, no lo sé. Menos tragedia, les ha puesto muchos subtítulos. No es no le gustase el término sino que le producía mucho respeto la palabra. Consideraba que eran palabras mayores en cuanto a la factura. No quería cometer la osadía de llamar a sus obras, que eran tragedias, tragedia.

¿Qué obra de su padre le gustaba a usted más?¿y de cuál se sentía más orgullosa su padre?
Nunca se ha decantado por ninguna. Siempre incluía la última entre las mejores, por si las moscas, y en mi caso, le diría que hay bastantes. Creo que ‘En la ardiente oscuridad’. Si está bien hecha, y creo que sí, al espectador le deja en el sitio.

Dentro de un mes, esta obra se verá en Guadalajara dentro de las Jornadas de Autor, dedicadas a su padre. ¿Qué supone para usted el reestreno de ‘En la ardiente oscuridad’ en Guadalajara, después de 57 años sin que se haya representado?
Que el Ayuntamiento de Guadalajara tome la iniciativa de producir una obra de mi padre es muy destacable porque es la primera vez que lo hacen y puede que no sea la última. Demuestra que tiene capacidad de producir cosas que salgan fuera y es para sentirse orgulloso de las propias capacidades. Y es muy interesante por muchas razones. Entre ellas, porque no se va a quedar en esa representación. La idea es que gire por toda la comunidad autónoma y, en la medida de lo posible, por otras, como Madrid.

¿Cómo surgió la idea?
Lo desconozco. Es una iniciativa del Ayuntamiento, supongo que responde a promoción cultural, patrocinio… ¿por qué han elegido a mi padre? Por razones obvias.

¿Dónde reside el atractivo de ‘En la ardiente oscuridad’s?
Es una obra muy importante en el teatro de mi padre, como germen de todo su teatro posterior. Tan importante, si no más, como ‘Historia de una escalera’. Sin embargo, no se ha vuelto a estrenar profesionalmente desde su estreno en el año 50 y la posibilidad de que en este momento, con un director y reparto jóvenes, se vuelva a poner en escena y se haga desde un punto de vista profesional, para mí es lo más importante de todo. La mejor manera de honrar a mi padre es que haya una obra encima de las tablas y que el mensaje estético de esa obra llegue a un nuevo público que no la haya visto, aunque sí leído. El resto de actos también son interesantes pero más frecuentes.

¿Es un texto vigente?
Sí, porque tiene muchísimas lecturas como muchas de las obras de mi padre. Es más existencial que ‘Historia de una escalera’, aunque también tiene una lectura realista, incluso política, pero ‘En la ardiente oscuridad’ es la lucha del ser humano con sus propios límites. Además, plantea una historia de juegos de poder, de jerarquías y de libertad individual. Los jóvenes que acceden a la vida social con cierta carga realista tienen mucho que aprender de esta obra porque les va a retratar dónde se van a meter… la realidad, que por un lado conserva, pero otro, transforma.

¿Conoce el programa?
Se estrenará ‘En la ardiente oscuridad’ y puede que haya un juego interesante con [el periodista] Antonio Pérez Henares, que consistiría en hacer una entrevista a mi padre, jugando con voz en off y habrá una exposición.
¿Cederá fondos para ella?
La exposición se basa en un libro, ‘Buero antes de Buero’, que editará la Consejería de Cultura con los dibujos, artículos, y alguna otra cosa que mi padre escribió y dibujó durante la Guerra y la República. Son dibujos publicados en periódicos de combate y no ha quedado ningún original. Creo que mi padre guardó uno pero el resto se perdieron. Además, habrá una pequeña deferencia. La única cosa inédita que queda de mi padre, que encontré hace relativamente poco, un monólogo, el único que escribió, también se va a representar el día del estreno. Lo hará el actor Juan Ribó.

¿Cree que estas jornadas son un homenaje pendiente de Guadalajara a Buero Vallejo?
No creo que haya nada pendiente. El teatro donde se van a hacer estas jornadas lleva su nombre, hay un instituto, una calle... en ese sentido, creo que está suficientemente reconocido como hijo de la ciudad.

¿Conoce el Premio de Teatro ‘Antonio Buero Vallejo’, que organiza el Patronato de Cultura?
Sí. Mi padre no participó en el jurado, sólo lleva su nombre y ya está. Pero es un premio que tiene ya cierto prestigio.

Tras el fallecimiento de su padre, hace ahora siete años, surgieron muchos proyectos para homenajearle: un Museo, una estatua, una Muestra de Teatro, una Fundación…¿qué hay de todos ellos?
Lo que se concretó fue una sala ‘Buero Vallejo’ en la Biblioteca regional [con sede en Toledo] para la que cedimos la colección de libros de teatro de mi padre. Lo de la Fundación surgió incluso en Plenos, se habló de ello tanto por parte de la Consejería como del Ayuntamiento, pero se diluyó en su momento. Recientemente, sí ha habido contactos en ese sentido, de ambas instituciones. Pero no es más que una idea.

¿Pero le seduce?
Creo que sería importante. Castilla-La Mancha tiene en Almagro un referente internacional de primer orden, en relación con el teatro clásico. Y Guadalajara, que tiene dos teatros bastante buenos; podría convertirse en lo mismo que Almagro es para el teatro clásico, pero para el teatro contemporáneo. Tiene infraestructuras y ahí sí cabría una Fundación Buero Vallejo, que no estuviera sólo centrada en la figura de mi padre sino que se utilizara en líneas generales para el estudio y difusión del teatro contemporáneo español. Es una ventana de oportunidades interesante para la región y lo he hablado con los responsables de la comunidad autónoma.

¿Cuál de los dos teatros guadalajareños prefiere?
Los teatros tendrían que ser teatros. La Fundación tendría que tener su propia infraestructura.

¿De cuántos fondos consta el legado de su padre?
El legado está compuesto por correspondencia, hemeroteca, manuscritos, dibujos, cuadros, acuarelas, fotografías, carteles, fotogramas de obras, una colección de programas de obras de teatro desde 1950 hasta 2000, un fondo museístico con objetos personales... Esos fondos, o su mayor parte, vendrían a Guadalajara si se creara esa Fundación, lógico.

entreacto
Una buena obra de teatro actual….


Uy!!! Las que se las ve todas es mi madre. ‘El pato silvestre’, de Ibsen, que hizo José Luis Alonso, en la versión de mi padre.

Un buen dramaturgo Ibsen, Arthur Miller...

Elilja un rincón de Guadalajara…
He ido, no mucho, pero la pastelería Hernando.

¿Miguel Hernández o Federico García Lorca? Ninguno. O los dos. Su poesía es muy distinta. Son figuras incuestionables.

¿De qué manera marca nacer y vivir en un ambiente teatral?
Queda y se transmite cierto gusto por la bohemia, cierta antipatía ante lo rígido, lo corporativo, lo reglamentado. Te cae bien la gente que va un poco a su aire.
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