Opinión
OJO AVIZOR - Notas de un neorrural apalancado en el Valle de Uadi-El
Última actualización 12/09/2008@03:18:01 GMT+1
HOY la Ermita de la Fuente Santa de Sopetrán abre sus puertas a todos los enfermos de cuerpos y almas que confían en sus aguas maravillosas. Seres de toda edad y condición que acuden confiados a sumergirse en su baptisterio visigodo del siglo VIII.
Por derecho propio, Sopetrán no sólo es uno de los más antiguos referentes del culto mariano en España, sino la clave de la conquista del reino de Toledo por Alfonso VI, origen de la comunidad de Castilla la Mancha.
Y lo tenemos ahí. A poco más de veinte kilómetros de Guadalajara capital. Para que luego digan que no tenemos historia.
Sopetrán se ha mantenido erguido durante un milenio, por más que se empeñaran los árabes, las incursiones navarro-aragonesas, José Bonaparte, El Empecinado, el general Lucotte, Mendizábal, el Quinto Ejército de la República o el mal uso que se dieron a sus sillares para construir iglesias, casas o defensas militares. Sopetrán resiste pese a todos.
Este lugar siempre tuvo un aura de milagro incuestionable. En los relatos de Fray Benito de Arce y Fray Antonio de Heredia de principios de 1600, se relatan algunos de los que se atribuían a la Virgen de Sopetrán, tanto en la Fuente Santa como en la Higuera donde se apareció. Hoy siguen produciéndose sucesos prodigiosos en las personas que acuden con Fe. Aunque no aparezcan en libros. Sólo hay que preguntar.
Algunos de los más antiguos de estos milagros estaban representados en sencillos cuadros de trazado popular que se guardaron en Hita después de la diáspora que supuso la Desamortización de Mendizábal. De ellos se sacaron las copias que actualmente enmarcan el altar de la Ermita. Milagros famosos como el de Alfonso VI luchando en combate desigual contra un oso y venciéndole, o la liberación de los campos de Jarandilla de la Vera de una gran plaga de orugas. No menos curioso es el de aquel hijodalgo de Ciruelas que se salvó en una emboscada, en la toma de Ginebra. Las balas le daban en el cuerpo y le producían el mismo efecto que si fueran granizos. O aquel soldado de Jarandilla de la Vera, embarcado en una galera cristiana en la batalla de Lepanto, que consiguió guiar al piloto de su barco para que éste pudiera salir indemne de un cerco de bajeles turcos, gracias a la intervención de la Virgen que tendió una niebla que ocultó la embarcación.
¿Cuál es este penúltimo milagro de Sopetrán al que hago referencia en el título del artículo?
Pudiera parecer prosaico el motivo pero, para la mayoría de los habitantes de la comarca cercana al Monasterio de Sopetrán, el anuncio de la inminente puesta en marcha de las obras del proyecto de restauración del monumento y de la Basílica que cerraba el claustro renacentista, así como el establecimiento de un pueblo medieval en sus inmediaciones, nos parece milagroso. Sobre todo después de tantas vicisitudes por las que hemos tenido que pasar, para ver que Sopetrán vuelve a nacer.
Esta es la fuerza del sueño que alentó al grupo de miembros de nuestra comunidad y los benditos locos que les acompañaron en tan maravillosa singladura. El testigo del aliento popular fue recogido por una familia tan loca y tozuda, o más, que los primeros. Que multiplicó con fuerzas renovadas su peculiar sueño. Y nos ofrece ahora la posibilidad de asistir en directo al milagro de renacer, ¿de una vez por todas? el mágico lugar de Sopetrán.
Todos hemos podido ver el tremendo esfuerzo que ha hecho esta familia para remediar la desidia de más de un siglo de abandono. No se ha podido ir más deprisa. ¿Pero que importan unos meses más, en un proyecto con vocación de durar otros mil años?
Ahí está comenzando en un periodo incierto para aventuras de construcción. Pero con firmeza. Porque el proyecto es excepcional. Y es que el destino de Sopetrán algunas veces se escribe en renglones que no siempre son paralelos.
Gracias a que se puede construir un Burgo en las inmediaciones, de la misma manera que se alzaban alrededor de los monasterios en la Edad Media, se podrán conseguir los recursos para elevar el Monasterio y hacer en él un foco cultural de primera magnitud.
Ha llegado el momento de aunar esfuerzos entre todos para que este milagro pueda llegar al buen puerto. Acudir a Sopetrán todas las buenas gentes que buscáis nuevas fronteras. Allí está nuestro destino. La Virgen está sonriendo.
Tenemos una oportunidad increíble y única de escribir historia.
Acabaron las décadas de los mercaderes arteros.
Las piedras vuelven a hablar con idiomas nuevos.
Estamos en la era de los prodigios sin fin, porque
Sopetrán está abriendo sus brazos amorosos
a los que todavía tienen sueños por conquistar.
El aire penetra sin trabas en el Valle de la Higueras.
Vamos a respirar a pulmón libre. Que ya es la hora.
José Luis Gómez Recio