Cultura
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| Tim Bowley y Charo Pita en el Hotel España, antes de su actuación. (Foto: j.r. soriano) |
Tim Bowley y Charo Pita acudieron a Guadalajara de nuevo para actuar en “El viernes de los cuentos”, en la Biblioteca de Dávalos y en Campillo de Ranas
Última actualización 21/01/2008@00:00:00 GMT+1
Tim Bowley y Charo Pita fueron los protagonistas en “El viernes de los cuentos”. Igual que en las otras ocasiones que han visitado la provincia, consiguieron un lleno absoluto. Ellos llevan tres años trabajando juntos haciendo un espectáculo original, puesto que las historias se pueden escuchar en inglés y español.
Pregunta: ¿Trabajar contando historias permite vivir una vida de cuento?
Tim: Se puede vivir bien, libre, a gusto. Pero no siempre hay final feliz, también hay tristeza, pero también es bonita, porque la vida no es siempre alegría, también son momentos de tranquilidad y sosegados y hay que valorarlos.
Charo: Si se entiende como vida de cuento una vida de color de rosa, onírica, fuera de lo real, no es así, no es como las princesas de los dibujos animados, estás en la realidad, con momentos divertidos, duros... pero eso es de cuento, es lo que entiendo por una vida de cuento, no absolutamente de color de rosa.
¿Cómo empieza uno a contar cuentos?
T: Tuve la oportunidad de hacerlo un vez, me gustó y continué. Antes, estuve viviendo de la tierra en Francia, luego haciendo esculturas de madera y después, trabajé en el campo del desarrollo personal. Todo muy variado.
C: Yo empecé de la forma más tonta del mundo. Había estudiado filología y un curso de cuentos de estos de fin de semana, me gustó, pero quedó en el olvido. Surgió la posibilidad de contar cuentos en el colegio de un pueblo pequeño y, como no sabía cómo hacerlo, pues conté para todo el colegio desde niños de 3 años a adolescentes, profesores... y salió bien. Luego, ya encontré cosas que fueron surgiendo y seguí. Me interesa la palabra.
Cuentan historias de todos los continentes, ¿creen que tienen una raíz común?
T: Sí, que todos hablan del ser humano, de sus distintas facetas. Aunque, cada cuento que cuento tiene algo para mí, me siento atraído por algo cuando lo escucho o lo leo.
¿Como una moraleja?
T: Ummm, puede ser, pero es más profundo. La moraleja es como una norma para la vida, pero hay cuentos que no son tan claros y un día puede parecer que dice una cosa y otro parece que es algo completamente distinto, que tiene varias lecturas.
Tim, usted tiene varios libros, ¿son originales?
Tengo dos libros para niños y voy a sacar con Pep Bruno otro libro de cuentos cortos, creo que para verano. También tengo uno de cuentos tradicionales.
¿Es fácil imaginar historias propias cuando trabaja a menudo con cuentos ajenos?
(Ríe) No, no es fácil.
Ahora vive en España, ¿es porque aquí somos más cuentistas?
(Ríe) No... es la vida que me ha traído aquí. Hay mucho trabajo, me gustan los españoles.
¿Cree que hay más trabajo porque se da más importancia a los cuentos orales que antes?
T: Sí, está más valorado, hay más Ayuntamientos, institutos, etc, que se interesan por los cuentos más que antes.
Además, ustedes tienen la singularidad de contar en inglés y español, que quizá atrae más.
T: Sí, creo que no hay nadie más haciendo esto, por eso, estamos trabajando mucho en institutos porque contar en dos idiomas es muy interesante para ellos.
Este trabajo no aburre...
C: No, que va. conoces gente, viajas, a veces es cansado, pero está bien.
¿Dónde han encontrado un público más receptivo?
T: No puedo decir un sitio u otro. Cada público es diferente, puedes estar dos veces en el mismo sitio y que cada vez sea diferente, hay de todo en todos los sitios.
¿Es el público juvenil más exigente que el adulto?
T: Cada vez me gusta más y más el público adolescente, tuve resistencia durante años a contar para jóvenes, pero ahora estoy encantado, es diferente que contar para adultos, pero es algo muy valioso para ellos.
Al acabar, se le ha acercado alguien y le ha dicho “Quiero hacer lo mismo, ¿cómo lo hago”?
T y C: Hemos dado cursos a gente interesada, pero la mejor forma de hacerlo es justo haciéndolo.
¿Qué es lo que hace falta para ser cuentista?
T: Que te guste y tener cuentos que te gusten y quieras contar.
C: Para ser buen cuentacuentos hay que ser buen oyente. Cada uno cuenta como lo siente y lo hace desde su manera de ser. Aunque contemos juntos y haya gestos de complicidad, el contar debe partir de uno mismo.
La vida de cuentacuentos es solitaria, ¿es fácil trabajar en grupo?
C: Yo también cuento sola, pero ésta es otra forma que enriquece mucho, es divertido, es diferente a cuando cuentas sola.
¿Cómo investigan para conocer nuevos cuentos?
T: Es un trabajo muy lento. encuentro casi todos los cuentos en libros, pero hay muchos que no son para mí, pero cuando encuentro uno que me gusta, lo hago propio, lo veo dentro de mí y después, veo como sale.
Las vidas de los chavales han cambiado, ¿sirven los mismos cuentos que antes?
T: Los que contamos son tradicionales que no han cambiado en miles de años. Tienen algo que comunicaba a gente de hace mil años y que sigue haciéndolo a los de ahora de la misma forma. Ahora, hay muchas opciones de ocio, videojuegos, televisión, pero no trabajan la imaginación para nada, y eso es muy peligroso. Hay niños que no han desarrollado su imaginación y eso es una de las cosas más importantes de la vida, por eso, es un valor muy importante de los cuentos. que la gente pone imagen a palabras que no la poseen y cada uno ve su propio cuento. No es como ver una película que te pone todas las imágenes, esto es sólo palabra y es muy rico imaginarlo.
C: La palabra tiene evocación y eso es lo que trabajamos.
Pero ustedes también llevan una estética...
C: Es algo mínimo, lo importante son los cuentos.
T: En el mundo de los cuentos hay gente muy teatral, pero nosotros somos el otro extremo, nos sentamos y contamos nada más.
¿Las palabras tienen un efecto importante entonces?
T: Muchas de las cosas que escuchamos estos días son tonterías, tonterías, tonterías... Cuando la gente viene a escuchar un cuento bien contado, se le abre un mundo nuevo, y descubre algo que no es normal ahora.
C: Se trabajan las emociones, lo cómico, irónico, la tristeza, angustia, ternura, ingenuidad, un abanico muy grande. Por eso, llegan a todo el mundo. Lo que se trabaja de forma intelectual, requiere un proceso mental y haber desarrollado un intelecto, pero lo emocional es lo básico lo padece o lo ‘com-padece’ (lo padece con otros), las palabras calan, son sensaciones, emociones...