Cultura
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| La exposición muestra libros desde 1931 hasta 2005. (Foto: NANDO RUIZ) |
La Biblioteca acoge una exposición del librero Emilio Cobos, en su 75ª cumpleaños
Última actualización 28/04/2006@00:00:00 GMT+1
Por Emilio Cobos no pasan la vida, pasan los libros. Uno por cada año desde 1931, fecha de su nacimiento. Ahora cumple 75 y selecciona los mejores libros de su vida en una muestra que permanecerá abierta en la Biblioteca Pública hasta el 30 de mayo. Al menos, los que a su juicio, resaltaron por ser un rara avis de la época, por su “franca belleza y cuidado de la edición”, por “la curiosidad” que imprimen, por “empeño personal” o “porque no tenía otros, aunque eso ha sido, raramente, en dos años”, aclara.
No hay libros “superfamosos” en esta exposición, advierte Emilio. Llama la atención que, en algunos años, como en el 39, haya escogido ‘Física General Aplicada’, pero “es que ¿qué libros se podían editar en la posguerra?. Que Sopena hiciera esa apuesta recien terminada la Guerra Civil, es de una valentía impresionante”, asegura.
Para 1931, rescata el primer volumen de la ‘Historia de la Revolución Francesa: La Bastilla’, encuadernado en tela y firmada por Thomas Carlyle. Para 2005, ‘Historia de las 2 Españas’, de Santos Juliá. Hay “cosas también de Ruedo Ibérico o de Dionisio Ridruejo, fundador de la Falange”. Cuando lo dejó, cuenta, “tuvo que editar en Argentina” este ‘Escrito en España’, de 1964.
El empeño personal hizo que Emilio Cobos hiciera suya la tarea de reeditar en 1982 con motivo del Día del Ahorro, la novela ‘El río que nos lleva’, de José Luis Sampedro. “Se editó cuando González Galvez se fue de presidente de la Caja porque se lo propuse, pero no hubo manera”. La exposición no deja a un lado ‘fetiches’ como ‘Viaje a la Alcarria’, en edición de piel (1966), ni a escritores de la tierra como Antonio Pérez Henares ‘Chani’ –‘Nublares’ (2000)–, Clara Sánchez –‘Un millón de luces’ (2004)–, Leguineche –‘Los ángeles perdidos’ (1996)– o Layna Serrano –‘Historia de Guadalajara y sus Mendozas vol.I’ (1993)– ni a internacionales como Günter Grass –‘Mi siglo’ (1999) o Saramago –‘El año de la muerte de Ricardo Reis’ (1998)–.
Manuales de divulgación, diccionarios, la constitución republicana, historia del teatro, comedia, estudios de literatura infantil y clásicos completan esta selección de Cobos que, tras 50 años al frente de su librería, ha sido testigo de muchas cosas y ha tenido que encajar otras, entre ellas, críticas por mostrar libros rojos en su escaparate. “No era rojos”, rectifica, era una biografía de Lenin, que es un personaje que fue. Hay un soneto de José Hierro que a mí me parece de una belleza extraordinaria: di fe de mí y sé que fui y no sé hoy lo que soy... bueno pues Lenin fue y dio fe y qué vamos a hacer, la historia ha sido así, pero en fin... hay gente a la que le molesta la historia”. Medio siglo también ha dado de sí para diagnosticar el gusto de los lectores guadalajareños y sus hábitos de lectura. “Ahora son más selectivos, buscan la distracción”, afirma. ¿Los suyos? “No me gusta la novela histórica sino los libros de historia”. Ahora lee, dice, ‘Mauricio o las elecciones primarias’, lo último de Eduardo Mendoza y una pequeña ‘Historia Universal’, de Hugo G. Wells, “que me está entusiasmando”. ¿Lee varios a la vez? “Es que hay libros para cada hora”, señala rotundo.
Para el capítulo de anécdotas, dejamos que elija un libro que salvaría en caso de incendio y elige sin pensar “un facsímil de los códices de Leonardo Da Vinci, de 1974, que está en casa”. Y que traze un Plan Regional de Lectura ideal, imaginándose por un momento que es Consejero de Cultura: “haría una difusión mayor del libro y, puede ser pecaminoso, pero suprimiría montones de libros institucionales que se hacen, que al final se quedan en un montón y no son ni para unos ni para otros, sólo para machacar la ecología”, afirma.
Cobos, un librero de ‘veinte adjetivos’
“Es un librero progresista, socarrón, curioso, científico, viajero, clásico, sensible, amigo de sus amigos y guadalajareño”. Así define a Emilio Cobos, propietario de la librería más emblemática de la calle Mayor, la consejera de Cultura, Blanca Calvo. Lo hace en el prólogo del programa que, con motivo de la exposición ‘75 años de libros’ se inauguró este martes en la 2ª planta de la Biblioteca Pública.
Añadió adjetivos a su lista delante del propio Cobos, emocionado por el apoyo de las diferentes personalidades que hasta Dávalos se acercaron. Así, cogiendo como símbolo las diferentes letras de su nombre y primer apellido le llamó simbólicamente “envenenador (E), a través de los libros”, también “milagroso (M), por haber mantenido 50 años una pequeña librería” o “independiente (I) porque ha sido profesional a pesar de tener ideología propia”, “lúcido (L) porque ha leído mucho y la lucidez la da la lectura; “inteligente (I) a la hora de seleccionar los libros de esta exposición; obstinado (O) porque está jubilado pero ahí sigue con una fe de carbonero, coleccionista (C), observador (O) de la marcha de la ciudad en 50 años, bueno (B)”. También, aunque saltándose conscientemente la ortografía, la consejera lo llamó honesto y honrado (H) y finalmente, serio (S), aunque dentro tiene un alma muy emocionable”, dijo.